domingo, 21 de noviembre de 2010

Colegio "Los Martinetes": Mi Labor Como Profesora De Primaria De Segundo Ciclo Y Un Día Cualquiera

Hola, me llamo Esther, tengo 27 años, vivo en un pueblo de Sevilla que se llama El Priorato y soy profesora de primaria de segundo ciclo. Me considero a mí misma una persona abierta y liberal, no entendiendo por más que lo intento a las personas conservadoras, así como también me veo como una chica con carácter fuerte, fácilmente irritable, con mal genio a veces y algo nerviosa. Sé que a veces he de controlar situaciones en las que actuaría de forma diferente, me cuesta depende de la situación más o menos trabajo, pero me es necesario, sobre todo en el trabajo. Cuando creo que algo es justo o está bien hecho tengo que conseguir que se haga como yo creo que está bien, o más o menos de forma similar. Soy atea, aunque respeto las ideas y las creencias de los demás, pero como ya he dicho, también de esto me gusta dar mi opinión y ser escuchada. También me gusta conocer las ideas, pensamientos y opiniones de los demás, así como sus problemas. Me gusta ayudar a los demás en todo lo que pueda. Tengo a veces unos cambios de humor muy repentinos, aunque suelo disimularlo con la gente con la que no tengo demasiada confianza. También creo que soy una chica risueña y bromista, tanto que incluso me gusta gastar bromas pesadas, aunque sin pasarme demasiado.
Para trabajar tengo que desplazarme en coche hasta el pueblo vecino al mío, que está a unos 10 minutos, minuto arriba, minuto abajo. Llevo trabajando 3 años en este centro, con plaza fija desde que aprobé las oposiciones y me ha dado tiempo más que de sobra a observar los casos que aquí se dan y cómo actúan las personas que lo viven. Un ejemplo de ello son los robos que se dan en este centro por alumnas y alumnos de a saber qué edad. Éstos amenazan a los compañeros que los conocen y que saben lo que hacen para que no nos diga nada a nosotros, los profesores, ni a sus padres. Por este motivo el problema que se nos ha presentado resulta ser más grave, porque los alumnos inocentes no se atreven a decir nada, ya que a saber también qué tipo de amenazas habrán llegado a recibir. Nosotros los profesores y demás personal de este centro, debemos ponernos las pilas en este tema y trabajar e investigar duramente para llegar a poder resolverlo o, al menos, para averiguar más o menos de qué tipo de alumnos y alumnas hablamos cuando sale el tema de robo, un tema que raro es el día que no se comenta. De hecho, me parece apropiado contar mi día de hoy para que os imaginéis hasta qué punto ha llegado este centro.
Para empezar, el día ya hoy está lluvioso. Llegaba tarde al trabajo por el tráfico que había en la carretera que tenía que tomar para llegar debido a la gran cantidad de agua que estaba cayendo. Cuando he llegado y conseguido encontrar aparcamiento he corrido los pocos metros que me quedaban para llegar a la puerta de entrada del centro. Como es normal y de esperar en mí, he resbalado por culpa del agua y he caído al suelo. Gracias tengo que dar a que al menos no he caído en un charco. Mi caída se ha producido junto a la de mis papeles e informes que llevaba en la carpeta que siempre llevo conmigo. Por desgracia estos sí han caído en un charco. Pero en fin, a lo que iba. Cuando he llegado a clase me he encontrado una escena, ¡y qué escena!, todos los niños dando saltos y carreras dentro de clase, algunas mesas y sillas pequeñas de las que ellos suelen ocupar estaban en el suelo, al igual que algunas que otras mochilas y algún libro. Al ver eso ya me agobié, ya que no soporto ver tantísimas cosas en desorden ni tampoco tanto jaleo, pero he de mantener la calma en este tipo de situaciones. En cuanto he entrado he intentado poner orden y, al soltar mis cosas y mis papeles mojados encima de la mesa, he mirado delante de mí, al fondo de la clase, y me han empezado a temblar las piernas al ver lo que allí estaba ocurriendo. Un alumno estaba peleándose con otro compañero y cogiéndolo fuertemente del cuello. Cuando lo he visto he ido, de nuevo corriendo, hacia donde estaban ellos para intentar separarlos. El chico que estaba siendo agredido parecía que le costaba respirar, y el chico agresor tenía tanta fuerza que hasta a mí me costó poder quitarle las manos de donde las tenía. En esta situación sí que he tenido que hacer un gran esfuerzo para mantener la calma y no salirme de mis casillas, ya que estoy totalmente en contra de la violencia y, de haber sido mi hijo el agresor, le hubiese dicho más cosas y diferentes a las que debo decir. En esos momentos no sabes qué hacer, los niños no te hacen caso y estaban todos como locos, sin notar apenas mi presencia y lo único que quieres hacer es castigar al niño que estaba agrediendo a su compañero no sólo perdiendo un recreo. Para colmo, no he podido soportar darle voces al pequeño, al que estaba recibiendo la agresión, sin tener culpa de nada, porque no podía con el otro, no me hacía caso, y he tenido que mandarlo a que se sentase a su sitio rápidamente sin pensar en cómo le estaba hablando. De todos modos espero que se entienda que en esos momentos te quedas un tanto paralizado. Un poco más tarde vendrán los padres y madres de ambos niños aquí al colegio, citados por mí, ya que esto no es algo que deba guardármelo para mí porque hay que darle una solución pronto. El caso es que ya no sólo roban en el colegio, sino que también se agreden unos a otros.
En cuanto a los robos, a veces hemos pensado unos compañeros y yo que el lugar en el que está situado el centro también influye, al igual que las condiciones de éste. Algunas familias que no hacen nada por controlar a sus hijos y hacerlos personas de bien, aunque no todas, claro está. Ello también puede ser motivo de influencia en los niños y niñas, y de hecho lo es, el tipo de familia que se tenga, el caso que se le haga al niño/niña y el interés que pongamos en corregir sus actos si están mal o en felicitarlos y seguir dándoles ánimos si hacen algo que está bien.
En fin, esto es un caos. No podemos intentar solucionarlo sólo una minoría de profesores porque aunque todos participen, sólo una minoría lo hacemos intensamente, ya que los demás, o bien creen que no es tan grave, o bien quieren solucionarlo pero sin cargarse demasiado peso. Pronto tendremos otra reunión, en la que comentaré lo que me ha pasado hoy al llegar a clase, a ver si así puedo hacer que algunos de mis compañeros sean más conscientes de la gravedad del problema y se animen a trabajar de forma más activa entre todos. Tenemos que conseguirlo.

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